Cómo nos ha cambiado la COVID-19 como usuarios de Internet

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Este año ha supuesto un cambio inimaginable en nuestros hábitos diarios. A principios del mes de enero nadie podría haber aventurado lo que nos iba a suceder en los meses siguientes, y lo cierto es que a estas alturas de la pandemia, todavía no sabemos lo que sucederá en los próximos seis.

 

Pero por un momento, permitámonos dejar de hablar de hospitales colapsados, de las terribles cifras de muertos y de los meses de confinamiento, para ver con un poco de perspectiva cómo ha afectado la crisis global de la COVID-19 a nuestro comportamiento como usuarios de Internet y de telefonía móvil.

 

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La pandemia ha alterado la manera en la que vivimos y eso también se ve reflejado en cómo han cambiado nuestros usos y costumbres. El revelador informe Ericsson Mobility Report referido al pasado mes de junio, nos da las claves de cómo hemos sabido adaptarnos a las nuevas circunstancias, acelerando un cambio de hábitos que debería haberse producido en los siguientes cinco años.

 

 

El teletrabajo

 

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La COVID-19 ha supuesto un experimento social sin precedentes, obligándonos a realizar cambios que llevarían años, en apenas unas semanas.

 

El mayor de estos cambios sociales ha sido sin duda, la adopción del teletrabajoLa incidencia del teletrabajo ha pasado en nuestro país del 5% antes de la pandemia, al 30% durante ésta, y todavía nos queda mucho para alcanzar a los países más avanzados en este terreno. Pasar del presentismo a la productividad requiere un cambio de mentalidad y una visión global de la sociedad que queremos alcanzar.

 

Con el teletrabajo conseguimos contaminar menos, reducimos nuestra dependencia de los combustibles fósiles, descongestionamos el transporte público y las calles, facilitando al tiempo los desplazamientos a aquellos que no pueden tele trabajar, y además nos permite conciliar nuestra vida laboral y familiar. Pero para ello es necesario regularlo, concretando el derecho a la desconexión, compensando los gastos de equipamiento, Internet y suministros, sin olvidarnos de la salud y la ergonomía de los empleados. Un proceso que Telefónica inició en 2014

 

Todo esto redundará en una reducción de costes para las empresas, que no tendrán que disponer de muchos metros cuadrados para albergar a todos sus trabajadores, proporcionarles equipamiento para hacer su trabajo, ni asumir los gastos de limpieza, mantenimiento, vigilancia, y suministros en los centros de trabajo.

 

Mientras los confinamientos iban entrando en vigor, el incremento del tráfico de Internet fue absorbido por las redes fijas residenciales, cambiando la ubicación geográfica de las redes desde el centro de las ciudades hacia las zonas residenciales de las afueras.

 

Cambio en la densidad de usuarios de redes móviles en el centro de París dos semanas antes y después del confinamiento a mediados de marzoCambio en la densidad de usuarios de redes móviles en el centro de París dos semanas antes y después del confinamiento a mediados de marzo

Estas redes que inicialmente fueron dimensionadas para atender un pico de demanda nocturno, experimentaron picos adicionales durante el día. No obstante, tanto la banda ancha móvil como banda ancha fija han respondido bien al incremento en el uso de Internet.

 

 

Nuevos tiempos, nuevas aplicaciones

 

radar covid.PNGIgualmente, como consecuencia de la COVID-19 se ha percibido un fuerte incremento en el uso de aplicaciones de rastreo del virus como Radar Covid, que ya se encuentra disponible para gran parte de la población en España y cuenta con el apoyo de las Administraciones. Seguidas por aquellas que posibilitan el teletrabajo, como Citrix, o la formación a distancia y soluciones educacionales, como Zoom o Google Meet. Las aplicaciones de consultas sanitarias y desde luego las redes sociales, han sido más demandadas que nunca.

 

En el lado contrario, y como cabría suponer, el uso de las aplicaciones de viaje como  TripAdvisor, Booking o AirBnb sufrieron un parón total, al igual que las aplicaciones de transporte, Uber, Cabify y las compañías aéreas, que redujeron su uso casi a cero hasta que se empezó a abrir a movilidad entre provincias, as fronteras y los espacios aéreos.


Si no nos movemos, no es necesario aparcar, así que estas aplicaciones también se relegaron en nuestros terminales, e igual suerte corrieron los servicios de citas como Tinder, y los de localización por GPS y climatológicos. Para qué saber en dónde estábamos y el tiempo que hacía, si no podíamos salir de casa.

 

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El Coronavirus también ha modificado nuestras costumbres, haciendo que actualicemos nuestros equipos informáticos o de telefonía móvil y que usemos nuevos servicios. Pero de manera mayoritaria, un 87% han incrementado el uso de los servicios en línea que ya utilizaban:

 

  • La navegación por Internet
  • Mensajería instantánea
  • El streaming de vídeos
  • Uso de redes sociales
  • Las videollamadas 

Esta última, ha pasado de un uso residual a emplearse por el 85% de los usuarios de teléfonos inteligentes, convirtiéndose en la segunda manera más habitual de ponerse en contacto con amigos y familiares, y se espera que su uso continúe creciendo cuando termine la crisis.

 

La necesidad de mantenerse conectado durante la crisis provocada por la COVID-19, ha modificado nuestro comportamiento a la hora de comunicarnos, y puede suponer una catarsis en nuestro modelo productivo, es bien sabido que de las mayores crisis han salido los mayores avances en la historia de la humanidad.