«Mucha gente no había escuchado la voz de un hermano en 40 años»
Fuente: Gladys Vázquez | Redacción / La Voz de Galicia (martes 10 de marzo de 2026)
150 AÑOS DE LA PRIMERA LLAMADA ASÍ LLEGÓ EL TELÉFONO A LAS ALDEAS GALLEGAS
Jaime González, que fue director de Telefónica en Galicia, hace unos días en su casa de Vigo M.MORALEJO
Cuando se cumplen 150 años de la primera llamada de teléfono, recordamos el ambicioso plan que adaptó la telefonía móvil a la red fija en tiempo récord. Jaime González eran entonces el director de Telefónica en Galicia: «Llorábamos todos de la emoción»
Jaime González (A Coruña, 1940) iba para químico. Con solo 17 años ya trabajaba en la Fábrica de Armas, donde su padre dirigía el laboratorio, pero la muerte prematura de su progenitor y un anuncio de Telefónica le cambiaron la vida. «Le dije a uno de mis mejores amigos: ‘¿por qué no nos metemos ahí?' La oposición era muy dura, pero entramos». Estos días, quien fue un jovencísimo operador técnico que llegó a director territorial de la firma en Galicia, no puede evitar recordar. Hoy se cumplen 150 años de la primera llamada de teléfono, una revolución tecnológica a cuyo desarrollo se siente más que vinculado. Jaime fue el responsable de llevar el teléfono a las aldeas de Galicia. Era el principio de la década de los 90 y en la mayoría de los núcleos del medio rural había un teléfono en un bar o en un ultramarinos, si es que lo había.
La idea se le ocurrió en su etapa trabajando en Baleares, cuando vio la solución que se le había dado a una casa aislada de Ibiza. «Un vendedor había puesto una antena en el tejado y un móvil fijo en una mesa». A Jaime se le encendió la bombilla. «El problema en Galicia era que el coste por línea que tenía que hacer Telefónica era tres veces mayor que en el resto de España. La población está muy dispersa. Era imposible poner postes e hilos de cobre para llegar a cada casa. En 1982, en mi etapa en Pontevedra, pusimos un teléfono público en Mos, solo uno, e hicieron una fiesta con gaiteiros. Era todo una penuria, y mi sensación de no poder atender a la gente, de no poder darles una respuesta, me provocaba mucha incomodidad».
La idea importada desde las islas no fue, de entrada, bien recibida, pero a los 15 días a Jaime se le dio luz verde para tratar con el presidente de la Xunta. «Le propuse a Manuel Fraga un convenio. Motorola se había comprometido a fabricar un software que transformaba los números móviles en las cifras de un teléfono fijo. Solo había que fabricar una caja, meter un teléfono móvil desguazado con un oscilador que simulase que había tono de marcar, como el de las ciudades, además de un alimentador y una antena», resume.
El plan comenzó en abril de 1992 y terminó en noviembre de 1994 con 100.000 nuevas líneas instaladas. «Le dije a Fraga: ‘presidente, puede tener teléfono en todas las casas de Galicia en dos años. Me respondió que le pusiese los papeles delante, que los firmaba en el momento». La Xunta asumió 44.668 millones de pesetas de inversión (más de 268 millones de euros) y Telefónica, 10.000 millones (algo más de 60 millones de euros). Aquellas cajas que obraban el milagro llegaron a todos los puntos del rural. En menos de dos años, Galicia se convertía en la primera comunidad en universalizar el servicio telefónico, un sistema que se importó después a otros países, como Hungría. «Lo que se consiguió en Galicia era imposible. Empezamos en Monfero y terminamos en Vila de Cruces. Solo puedo decir que lo más emocionante fue el camino. Yo tenía la seguridad de que lo íbamos a conseguir, porque toda la plantilla de trabajadores se volcó. Era un sueño que una casa del medio rural gallego pudiese tener un teléfono para comunicarse con su familia o poder llamar al médico. Con dos hilos de cobre, necesitábamos un millón de postes y miles de kilómetros de hilo».
Esa instalación tan sencilla hizo que todo gallego quisiese su teléfono. «Si había en un núcleo 17 casas, allí poníamos 17 teléfonos». Los vecinos fueron menos conscientes de la fase previa del trabajo. «Lo más difícil fueron las estaciones. Las llevamos a 120 picos». Jaime se refiere a ese centenar de instalaciones complejas en los puntos más altos de la comunidad que «iluminaban» a todas las parroquias. «Las casas, a su vez, conectaban ese sistema con la torre».
Página de La Voz publicada el 26 de noviembre de 1994
En las páginas de La Voz de 1994 quedó patente la emoción de los vecinos. «Aínda que só me quedara unha semana de vida, poñería o teléfono» ('Incluso si solo me quedara una semana de vida, pondría el teléfono'), decía una vecina de Meira de 84 años a Manuel Fraga. Jaime recuerda esas frases. Estaba presente cuando estas conversaciones tenían lugar. «Cada semana inaugurábamos una zona de parroquias o lugares. Era muy emocionante porque siempre elegíamos una casa para arrancar esos teléfonos. Buscábamos, por ejemplo, que tuviesen un pariente en el extranjero. Era frecuente que esas personas hiciesen la primera llamada a un hermano o hermana. ¡Mucha gente no se había escuchado la voz en 40 años! Solo puedo decirte que llorábamos todos de la emoción». Los logros tecnológicos no pasaron desapercibidos.
Jaime González, en la presentación de Club RDSI, una iniciativa lanzada durante el Xacobeo 93 para transmitir datos y voz XOAN CARLOS GIL
Ahora, tres décadas después y con la presencia global del móvil, cuesta creer que aquella realidad no sea tan lejana. «Me acuerdo de una aldea en la que absolutamente todos los vecinos eran personas mayores. Con el teléfono, dejaron de estar solos».