En el Museo de las Telecomunicaciones de A Coruña: «Todos los aparatos funcionan y se utilizan para enseñar, esto es único»
Fuente: Adrián Valiño (“LA VOZ DE GALICIA”) | A Coruña 23 mar 2026. Actualizado a las 05:00 h.
Catorce personas se encargan altruistamente de las tareas de conservación del centro didáctico
Cinco de los catorce integrantes del personal del museo, frente al antiguo sistema rotario. ANGEL MANSO
El pasado 10 de marzo, el mundo celebraba el 150 aniversario del gran hito de las comunicaciones: la primera llamada de teléfono. Aquel invento de Alexander Graham Bell transformó la forma de relacionarse, eliminó distancias e inició una carrera tecnológica con huellas que hoy son piezas de museo.
En A Coruña, hace más de 30 años varias personas jubiladas que dedicaron su vida profesional al sector de las telecomunicaciones en Telefónica decidieron juntarse con un objetivo común: dejar un legado cultural en la ciudad. Para ello, cuando en 1993 cerró la central de Espino en Cuatro Caminos, decidieron realizar una maqueta replicando —a escala reducida— los aparatos que había en la edificación. «Se desmontó todo y nosotros almacenamos las piezas necesarias para realizar el proyecto, el resto fue para chatarra», relata Ernesto Naveiras, uno de los precursores de la idea.
Al principio de la iniciativa, para realizar la maqueta, Telefónica les dejó un espacio en O Burgo. «Cuando la acabamos, se empezó a unir más gente y decidimos montar un museo. No queríamos mostrar solo la evolución de las telecomunicaciones, si no que queríamos aportar un valor didáctico para que todo el mundo pudiese entender el funcionamiento. Nos ofrecieron primero un espacio en la ronda de Outeiro y finalmente acabamos aquí, en Os Castros», explica el director de la Asociación Cultural Museo Didáctico de las Telecomunicaciones, Félix Rodríguez. Cuando el proyecto estaba a medio construir, la fundación de la operadora dejó de apoyar el proyecto económicamente, eliminando la posibilidad de que este adquiriese una dimensión mayor: «Actualmente nos proporciona el lugar y la energía necesarias, pero nada más».
El museo está dividido en varios apartados, donde se explica en detalle, entre otras temáticas, la historia de la telegrafía, de las ondas de radio, la transmisión de datos o la historia del teléfono.
Félix Rodríguez, presidente de la asociación que gestiona el museo, en las dependencias de conmutación. ANGEL MANSO
Kike, uno de los integrantes del personal, frente al sistema de barras cruzadas. ANGEL MANSO
ANGEL MANSO
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Sotelo, un integrante del personal, en la centralita. ANGEL MANSO
Félix Rodríguez frente al espacio dedicado a la transmisión de datos. ANGEL MANSO
José Montero utilizando la máquina que permitía la comunicación entre los barcos y tierra. ANGEL MANSO
Con frecuencia, los niños de los colegios gallegos acuden a hacer una visita guiada. «Aquí todos los aparatos funcionan y se utilizan para enseñar porque les hacemos el mantenimiento, esto es algo único en España y probablemente en Europa, donde hay numerosos centros de exposición, pero no se tiene en cuenta el factor didáctico», comenta el presidente, a lo que Kike, otra persona encargada de la conservación de los sistemas, añade que sería «una pena que todo esto se perdiese».
Cada integrante está más especializado en algún ámbito, pero entre todos se enseñan y aprenden para poder colaborar en todas las tareas. Por ejemplo, José Montero, una de las catorce personas que se encargan altruistamente de las tareas de conservación, trabajó durante diez años navegando en petroleros y en cargueros alemanes. En su caso, tiene mucho conocimiento del proceso evolutivo de la comunicación entre mar y tierra.
Falta de colaboración
El personal del museo lamenta la falta de colaboración por parte del resto de entidades. «En estos 30 años que llevamos aquí, recurrimos al Ayuntamiento, a la universidad, a la Xunta... A mil sitios, pero nadie se anima a colaborar con nosotros», critica Naveiras, quien reitera que el museo «es un elemento importante dentro de nuestra cultura y queremos que tenga futuro para que los jóvenes lo puedan visitar».